viernes, 22 de octubre de 2010

MACAS, COSTUMBRES Y TRADICIONES

El macabeo siempre estuvo ligado a la tierra, a su entorno natural. Amó al suelo del cual extrajo los recursos y medios para vivir.
No construyó monumentos, levantó templos, sus costumbres y tradiciones están íntimamente relacionadas con la vida en el campo, con la vivienda, alimentos, fiestas, trabajos y manifestaciones de religiosidad.
Agricultor y ganadero por excelencia. Tumbó las montañas y desbrozó el rastrojo. Plantó gramalote para su ganado. Regó maíz y limpió la maleza. En las chacras crecía la yuca, plátano, fréjol, zanahoria, maní, rolaquimba y camote.
¡Tierra feraz y generosa! La fertilidad de su duelo permitió “sembrar de todo” y cosechar en abundancia.+
Son reclamadas como tierra excepcional las de Yambas, Cañiyacu, Copueno, Barranca, Pitajaya, Pacha, Jimbitono, Supiurco, Pitaloma y otros. ¡Qué yuca, qué plátano!, qué manera de cargar, el fréjol, el maní, qué mazorcas de maíz; “es la tierra prometida”.
Se producía para el consumo y se guardaba hasta la nueva cosecha. Sólo se comercializaba el maní, el tabaco y la canela o se cambiaba con utensilios de cocina, ropa o medicamentos tradicionales a los mercachifles que visitaban ocasionalmente.
La sal la cocinaban en Miazal y la cambiaban con escopetas y tarachis con los jíbaros de esa zona.
La randimpa se practicó a menudo. Quince o veinte hombres y mujeres. Los randimperos madrugaban al trabajo. Rozaban el monte para el maíz y picaban para la chacra. Comían en abundancia sobre verdes manteles de bijao, había chicha que repartía la “upichidora”. Todo cedía a su paso, crujía el monte y se retorcía el genoro. El brazo fuerte y certero machetazo partía el espino y ahuyentaba a la jerga!.
El trabajo fue como una devoción. Al levantarse con el canto del “lojachico”, al rayar el alba y al descanso con los últimos destellos del sol.
Todo el día en sus labores en su chacra, en el potrero, en el maizal, en la platanera.
Ya de cacería, hilando la soga, cortando la hoja, partiendo la guadúa o limpiando el patio o la casa, cortando caña y moliendo para la miel y la chicha.
El macabeo ha sido carnívoro por excelencia, por barata y deliciosa. Un buen asado de carne, de tripa mishque o de caucara. El caldo de novios que levanta muertos y los siete platos de todas las fiestas.
Macas una sola familia, una familia grande, de padres, abuelos, hijos, primos, nietos, tíos y compadres. La casa grande rodeada de huertos. El techo de paja, el piso de madera, las paredes de tabla o quincha. Utilizó los materiales del medio: por eso cuidó del unchipo, la guadúa, chonta y la toquilla.
El patio de la casa estaba siempre limpio, el jardín, el cafetal o el cañaveral estaban limitados por cercas de rojo pindomarañón. En sus huertos sembró cebolla, maíz, fréjol, ají, orégano, menta y toronjil. Un poco más distantes, estaban los árboles de zapote, chontas, guayusa y naranjas.
El agua para lavar y cocinar, era compartida con los vecinos y familiares. Cada familia un “chorro” por esto las casas estaban muy separadas alrededor de una vertiente.
Una vida apacible, pero no duradera. Su tranquilidad se sacudía con las enfermedades. El sarampión, la viruela, la gripe fueron traídos por las “afuereños”. Estas enfermedades diezmaron la población. Los “virguelientos” fueron abandonados a su suerte por el grado de contagio. “Virguelasyacu” es la prueba de estos bañistas.
Peleas, !claro que hubo! En sus inicios (Colonia) dependía de la Corona de España. Con la República la autoridad había desaparecido. No fue posible someterlos. Los pocos carabineros, jefes políticos, curas, alcaldes, desfilaron impotentes. Los macabeos eran bravos. Los culpables huían al Perú, a Iquitos o Guallaga. De allí trajeron soles de oro y libras esterlinas.
A Macas vino desterrado el General Proaño. Con la ayuda de los macabeos descubrió el Morona y por él navegó al Marañón.
Cuando llegaron los cascarilleros y los caucheros Macas había cambiado muy poco. Colombianos y norteños tomaron guayusa y se quedaron, más tarde, a los de Riobamba les pasó igual. Todos se quedaron. Los macabeos eran hospitalarios y generosos.


Siguieron a los misioneros inmigraron desde el sur la “morlaquía”. Fueron arrieros, comerciantes, lavaban oro, compraban ganado y sacaron a Guamote. ¡Cuánto sufrimiento transportar el ganado por esos caminos!.
De todo esto ha quedado poco o nada. La inmigración, los caminos y carreteras arrasaron con todo. Macas despertó de su sueño de “Cien Años de Soledad”. Es el precio de la “Civilización”, del “Desarrollo”, de la “Modernidad”.
Hagamos posible que nuestras costumbres y tradiciones no se pierdan o mueran en el olvido. Rescatar sus valores y sus culturas es nuestro reto.
José Merino Villarreal, MACAS EN EL UMBRAL DE LOS RECUERDOS, Casa de la Cultura Ecuatoriana “Benjamín Carrión”, Núcleo de Morona Santiago

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